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#NoConMiVoto

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Estado de Malestar | Horacio Eichelbaum | Málaga

Horacio Eichelbaum

Horacio Eichelbaum

Entre esta extensa variedad de gente que nos encontramos en Estado de Malestar por compartir tres o cuatro ‘noes’ (no al poder de la banca, no a la falsa democracia, no a los privilegios y la corrupción de los políticos…) se nos hace difícil encontrar siquiera un solo ‘Si’ que podamos pronunciar al unísono. El pasado domingo, 15 de mayo, integrando la plataforma ‘Democracia Real Ya’, ofrecimos una demostración de fuerza porque convocamos a ‘tomar la calle’ y acudieron a esa llamada decenas de miles de ciudadanos en más de 60 ciudades de España y un puñado de urbes en el extranjero.

Tal éxito nos llenó de orgullo y nos estimuló a seguir en la brecha, procurando que la gente despierte de su letargo y se ponga a nuestro lado para volver a repetir una de las consignas más coreadas: “sin el pueblo no sois nada”. En realidad, la convocatoria de elecciones para el domingo 22 no es algo que nos conmueva especialmente: los comicios son, después de todo, una de las armas del sistema, una forma de perpetuar la farsa democrática con alternancia en el gobierno de dos grandes partidos que se esfuerzan por mostrarse diferentes cuando se los ve idénticos en lo esencial; por ejemplo, en su obediencia a los banqueros.

Pero también es verdad que la imposibilidad de poder mostrar nuestra creciente fuerza también en las urnas puede se frustrante. Como lo previsible es que nuestros votos se desperdiguen, ya no se nos verá como ‘decenas de miles’ que fuimos a la hora de ‘tomar la calle’. Y no deja de ser una pena.

Entre nosotros hay quienes quieren votar a los partidos llamados ‘menores’. Y aún entre quienes pretendemos mostrar un rechazo total a las elecciones, para ‘deslegitimar’ al Sistema en todas sus variantes, se pueden encontrar partidarios de la abstención, del voto en blanco y del voto nulo.

A los que quieren votar a algún partido político les queremos recordar que la ‘sacralización’ del derecho del voto, que se gestó en los 40 años de dictadura, hoy ha perdido aquella aureola de arma poderosa en manos de los ciudadanos. La votación es, hace ya tiempo, un rito vacío que se cumple cada cuatro años y que no modifica nada. El mantenimiento del ‘hecho electoral’ es una simple trampa del sistema y el adjudicarle un valor casi romántico no es más que una leyenda vaciada de contenido: el sufragio ha dejado de ser un arma en nuestras manos para ser un arma del sistema para mantener dominados.

Para poder sumar muchos de nuestros votos debemos encontrar una variante que cumpla dos requisitos: uno, que nos podamos ver y contabilizar, que no se diluya el efecto de reunirnos bajo una misma manera de votar; y el otro, que sea una rotunda impugnación del sistema.

Tampoco es fácil elegir entre las variantes claramente enfrentadas al sistema. Porque es verdad que los votos en blanco ponen más alto el límite mínimo para obtener escaños por parte de los partidos menores y aunque ellos no representan posibilidades reales de cambio tampoco tendría sentido reforzar aún más el bipartidismo. La abstención tiene la desgracia de que es fácil disfrazarla. Los portavoces del sistema dirán que el 30 o el 35% es casi una abstención técnica y que, por tanto, la que se nos pueda adjudicar a nosotros será solo un porcentaje residual.

Nos queda el voto nulo: no computa (por tanto, no ayuda a los dos grandes, como el voto en blanco) y no se le puede atribuir a terceros más que una ínfima parte, ya que la nulidad por error representa un porcentaje muy pequeño. Además existe la posibilidad de provocar la anulación con una leyenda apropiada; por ejemplo, ‘no con mi voto’; o bien “la llaman democracia pero no lo es”. Hay quienes quieren tomarse en broma todo y proponen una ironía: escribir ‘voto por Belén Esteban’…
Esos votos nulos con leyenda librada a la creatividad de cada uno… serán los nuestros. Es muy fácil: basta con coger cualquier papeleta de cualquier partido y tacharla o marcarle fuerte encima la leyenda que se elija… y meter la papeleta dentro del sobre.

Que podamos contarnos, que nos sintamos unidos, que podamos, en términos militares, ‘reagruparnos’, y que eso nos estimule anímicamente para futuras luchas, no es algo anecdótico.

En ‘Estado de Malestar’, apenas comenzamos a organizarnos, en febrero pasado, apuntamos distintas posibilidades y, al plantearnos un posible voto nulo llegamos incluso a proponer distintas leyendas; una de las que más apoyo tuvo fue poner, simplemente, ‘Islandia’.

Todos fuimos conscientes de que nuestra protesta involucraba a todos los partidos puesto que todos aparecen tocados por la corrupción (ver el mapa de la corrupción en la política española) y todos comparten los mismos privilegios; sus diputados y senadores votan con prisas sus aumentos de sueldos y demás prebendas y huyen después aceleradamente a sus provincias.

Sabemos que este llamamiento tiene un valor puramente simbólico porque el peso de las ideologías y de los mitos y leyendas alimentados por el sistema se hace difícil de vencer. Pero no conviene desestimar la posibilidad de dar un golpe inesperado: unos cuantos miles de votos nulos que se puedan reconocer fácilmente como votos antisistema, como reducto de quienes queremos acabar, lisa y llanamente, con la sociedad de mercado.

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